
La suspensión de las exportaciones de mango hacia Estados Unidos trasciende una pérdida económica de US$1.5 millones. Es una señal de alerta sobre la necesidad de fortalecer los controles fitosanitarios, la capacidad de respuesta institucional y la protección de uno de los sectores agrícolas más importantes del país.
Cuando un mercado estratégico cierra sus puertas, no solo pierde el productor; también se afectan los empleos, las comunidades rurales, el ingreso de divisas y la confianza internacional en los productos dominicanos.
El verdadero reto no es únicamente levantar la veda, sino establecer mecanismos preventivos que garanticen el cumplimiento de los estándares internacionales. La competitividad de un país depende tanto de la calidad de su producción como de la eficiencia de sus instituciones.
La agricultura no puede depender de respuestas improvisadas. La prevención siempre será menos costosa que las consecuencias de una crisis.
